Mabel Katz
La
luz y el amor, Dios, están sobre las nubes brillando siempre para ti .
Los problemas son como las nubes , no importa que suceda, si te
concentras en el sol , descubrirás que puede caminar sobre las nubes. Si
por el contrario, te concentras en las nubes te hundirás dentro de
ellas. Intenta siempre ir mas allá de las nubes, hacia la luz que
siempre está brillando y esperándote.
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Solo di "te amo y gracias " a los problemas,
verás que desaparecen con mayor rapidez. Un problema es como la lluvia ,
pasará! Necesitas recordar todo el tiempo que el sol siempre brilla del
otro lado y que cada gota de lluvia o problema es
una bendición en tu vida , es una oportunidad para descubrir quien eres
. Un problema es como la lluvia , cuando sale el sol, los seca.
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Decimos que confiamos pero no lo hacemos realmente.
Decimos que le entregamos nuestros problemas a Dios (Amor)
pero seguimos aferrados a ellos. Cuando no dejamos de pensar en un tema, nos angustiamos y preocupamos, le indicamos a Dios (Amor)
que queremos solucionarlo todo solos porque no confiamos en Él (Ella).
De ese modo, no recibimos respuesta a nuestras plegarias porque tenemos
“expectativas”. Creemos que somos dueños de la verdad, y cuando pedimos
algo a Dios, lo hacemos de una manera casi imperativa. Explicitamos lo
que deseamos, y cómo, de qué color y a qué hora lo queremos. Sin
embargo, Dios sabe antes que le pidamos. Él (Ella) está tan cerca que no
necesitamos gritar. Basta con pensarlo.
Todos Somos UNO...

Imagen tomada de internet
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Decimos que le entregamos nuestros problemas a Dios (Amor)
pero seguimos aferrados a ellos. Cuando no dejamos de pensar en un tema, nos angustiamos y preocupamos, le indicamos a Dios (Amor) que queremos solucionarlo todo solos porque no confiamos en Él (Ella). De ese modo, no recibimos respuesta a nuestras plegarias porque tenemos “expectativas”. Creemos que somos dueños de la verdad, y cuando pedimos algo a Dios, lo hacemos de una manera casi imperativa. Explicitamos lo que deseamos, y cómo, de qué color y a qué hora lo queremos. Sin embargo, Dios sabe antes que le pidamos. Él (Ella) está tan cerca que no necesitamos gritar. Basta con pensarlo.

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