Marianne Williamson ha dicho:
“Nuestro temor más profundo no es ser
inadecuados. Nuestro temor más profundo es ser inmensurablemente poderosos. Es
nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta.
Nos
preguntamos: ¿Quién Soy yo para ser brillante, bello, talentoso y fabuloso?
En realidad ¿quién eres para no serlo? Eres hijo
de Dios. Tu humildad no le sirve al mundo. No tiene nada de iluminado reducirte
para que los demás no se sientan inseguros a tu lado. Todos fuimos puestos aquí
para brillar, como los niños. Nacimos para manifestar la gloria de Dios que
llevamos adentro. Esto no está sólo en algunos; está en todo el mundo. Y, a
medida que permitimos que brille nuestra luz, inconscientemente, damos permiso
a los demás para que hagan lo mismo. A medida que nos liberamos del propio temor,
nuestra presencia libera automáticamente a los demás”.
Cuando eres tú mismo, permites a los demás que sean
ellos mismos en tu presencia.
Tal vez sea difícil al principio, pero una vez que hayas tenido
esta experiencia de conciencia: la vivencia de estar en cero -libre de
opiniones, juicios y expectativas-, querrás regresar a ella lo más
frecuentemente posible, aunque sea, por un breve segundo.
Y cuanto más practiques, más fácil se te hará permanecer consciente.
Tal vez permanezcas consciente por un período corto porque pronto comenzará a repetirse
el próximo dato almacenado, dándote otra oportunidad para practicar la
conciencia y volver a ser tú mismo.
Más y más te sentirás libre, como un niño que
observa todo y admira las maravillas de la vida. Te volverás puro de corazón.
Y, llegado el momento, te requerirá menos esfuerzo regresar a la vida
consciente que seguir en la inconsciencia. Estar consciente y ser uno mismo es
fácil. Es un proceso natural y, una vez que comiences a practicarlo, recordarás
la sensación en tu corazón y en tu cuerpo. Esta regresará cada vez con mayor
frecuencia. Este estado de paz y verdadera alegría se logra momento a momento, dejando
ir todo lo que no forma parte de tu verdadera esencia.
Recuerda: la seguridad y la felicidad que buscas no
están en tus posesiones materiales, tus títulos o tus relaciones personales.
Están mucho más cerca de lo que crees.
Absolutamente nada de lo que hay en el mundo exterior
puede hacerte sentir completo o perfecto. Todo lo que encuentras en el exterior
y que tal vez consideres necesario en este momento sólo te brinda una emoción
pasajera. Es un apego y lo más probable es que, tarde o temprano, desaparezca o
deje de ser interesante para ti y sufras.
Libérate. Date cuenta de que ya tienes todo lo
que necesitas y no precisas nada más. Entrégate y permite que la parte tuya que posee la sabiduría te guíe y te proteja.
Regresa a tu identidad perfecta y encontrarás el Reino de Dios y todo lo que
necesitas. ¿Dónde? ¡En tu interior!
Tomado del Libro: El Camino Más Fácil para Vivir de Mabel Katz.
P.D: Si quieres 3 capítulos gratis del libro entra aquí: http://elcaminomasfacilparavivir.com/main.php
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¡Todos Somos UNO!

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